Los arboles, de más de
20 metros de altura, se imponían sobre la cabeza de aquella chica que caminaba
por el inmenso bosque. Las pequeñas ramas y hojas secas crujían bajo sus pies
cada vez que daba un paso y se adentraba más y más en la penumbra. El silencio,
la niebla y la oscuridad escondian inimaginables peligros y la joven estaba en
el medio de ellos completamente indefensa. Pero a pesar deque todos esos
peligros la rodeaban ella caminaba al peor riesgo que pueda existir en la
tierra y estaba conciente de ello.
Paso
a paso se acercaba ma a su fin. Aunque ella estaba. Completamente dispuesta a
entregar los ultimos latidos de su corazon para hacer que otro no perdiera su pálpito.
Ella es otro de esos pocos ejemplos donde el amor es más fuerte que todo,
incluyendo lavida y el miedo a morir.
Por
un instante se detuvo y miro a su alrededor. Toco con sus dedos el pequeño
medallon que colgaba de su cuello, luego lo apreto contra su pecho. Estaba
intentando encontrar las fuerzas para dar aunque sea otro paso.
Una lagrima corrio por su mejilla suave cuando
los recuerdos pasaron por su mente. Recordo el proposito por el cual estaba
alli, recobro la valentia y dio un suspiro. Seco la lágrima y volvió a caminar.
Sus ojos apuntaban al frente, no tenia intensiones de bajar la mirada.
En
medio del bosque encontró un claro, donde la luz plateada de la luna iluminaba hasta
donde los arboles le permitían. SE detuvo en seco una vez mas mientras esperaba
nerviosa, quizas impaciente, de que todo
fuece realidad. Por su cuerpo pasaba el deseo de que todo terminara con
rapidez, tantaque no se le fuese posible sentir algun sufrimiento. Pero
tratandose de la mente de los que ella veria, disfrutarian verla sufrir. Deseo
cancelado.
Pasaron
unos minutos y su reloj de muñeca marco las tres de la madrugada, ya era la
hora exacta para que todo empezara. Un escalofrio recorrio su espalda y el frio
de la noche la estremesio. Sus pupilas se dilataban intentand absorver la pobre
luz que provenia de la luna.
-Pensamos que no
venias- Aparecio una voz gruesa, grave y ademas de tétrica.
La
chica miro alfrente y por un segundo sintio miedo. Tres siletuas que
aparentaban ser humanas, aunque ella sabia que no lo eran, se acercaban saliendo
de las sombras de los arboles. Las tres
estaban cubiertas por un manto de tela negra que iba desde la cabeza, con una
capucha que les cubria la mitad del rostro, hasta arrastrarse por el suelo. La
figura del medio era corpulenta y alta, mucho más grande que las otras dos.
Mientras que la de la derecha era un poco mas baja de la primera y un poco
menos grusa. La de la izquierda parecia ser femenina, de estatura mediana y
contextura delgada.
-Dije que estaba
dispuesta a lo que sea- Pronuncio la chica intentando sonar fuerte- a cambio
que dejen a mi familia en paz para siempre.
-¿Realmente estas
dispuesta a replanzar a tu hermana en el trato?- la figura de en medio
pregunto. Su voz era la de un hombre, profunda y escalofriante.
-Si......
-Entonces.... Prepárate.
La
figura del medio se quito la capucha. Era un hombre maduro que podria tener
unos treinta años o un poco más, aunque realmente tenía más años que la
historia del Reino Unido. Sus ojos eran un mar negro donde no se veia otra cosa
mas que oscuridad. Este levanto la mano y repentinamente el cielo se torno sin
nubes. Señalo a la joven que tenia enfrente y ella comenzo a gritar de dolor.
La estaba torturando sin siquiera tocarla.
La
chica cayó al suelo revolcándose intentando soportar la agonía. Sentía y oía
sus huesos crujir y su piel ardía en un fuego invisible. El aire para ella era
cada vez más escaso, como si se hundiera en el fondo del mar. Un terrible peso caía
sobre su pecho que no la dejaba moverse. Gritar era inevitable en ese momento.
Estaba sintiendo la muerte en carne propia.
El
hombre soltó una risa de placer y satisfacción al verla sufrir a sus pies. Para
él era divertido como los gritos de aquella joven aumentaban. Volvió alzar la
mano y esta vez la chica se elevo por los aires, como si hilos invisibles
salieran de las manos de aquel tipo y la controlaran. Ella levitaba y su
tortura no acababa.
-¡Airón espera!- Interrumpió
la voz del encapuchado de la derecha. Era otra voz masculina pero mucho más
joven- Tengo una idea.
-¿Qué Propones?-
Pregunto el hombre de en medio, aparentemente llamado Airón.
El encapuchado se acerco a Airón, quien aun
torturaba a la joven, susurro unas palabras al oído de su líder. Y de inmediato
Airón mostro una sonrisa malévola y siniestra. Segundos después, terminaron de
murmurar y el encapuchado se retiro.
-Excelente idea- Airón
rio contento. Miro a si victima-Terminemos con esto de una vez.
Bajo el brazo que señalaba a la chica, ella cayó al piso de
un golpe. La joven adolorida solo podía respirar de manera agitada y agarrarse
el pecho en posición fetal. Tomo de nuevo en sus manos el medallón en su cuello
y esta vez lo apretó con toda la fuera que tenia.
Pero
no termino allí, Airón apretó los puños y los gritos de dolor de la chica
fueron mucho más fuertes. Ella podía sentir como su cuerpo intentaba ser despedazado
desde adentro ¿Seria este el último paso hacia su muerte? ¿La última etapa de
su tortura? Si fuese así, que ocurriera lo más pronto posible.
Poco
a poco El hombre fue aplicando más y más dolor al cuerpo de la pobre chica
mientras reía cada vez más. Luego solo se oyó un grito agudo y largo por parte
de la inocente y todo acabo


