Capitulo
1:
La tenue luz del sol entraba por la
ventana reflejándose en las paredes de color azul pálido de la habitación casi
desolada. Mi closet estaba vacío, los pósters de mis bandas favoritas ya no
estaban en mi pared, mi cama por primera vez en cinco años estaba tendida y se
encontraba ese silencio perturbador y nostálgico que nunca me gusto. En el
suelo de madera estaban mis maletas esperando ser tomadas, cuanto me costaba
poner mis manos sobre ellas y salir del lugar que fue mi refugio por miles de
momentos de angustia, tristezas y decepciones.
Muchos recuerdos pasaron por mi
mente. Me veía entrar, cerrar la puerta, sentarme sobre mi cama mientras
intentaba analizar cada una de las cosas que me ocurrían en la escuela. Luego
terminaba derramando lagrimas y decirme a mí mismo lo patético que era yo y lo
asquerosa que era mi vida. Pensé que este lugar, rodeado de cuatro paredes y de
unos pocos metros cuadrados fue el lugar que más secretos guarda sobre mí y
donde pase la mayor parte de mis dieciocho años de vida. Por ende, no quería
dar un paso fuera de mi dormitorio, me era casi imposible.
Di un fuerte suspiro y mire hacia
las maletas, un nudo se formo en mi garganta mientras intentaba comportarme
como un adulto o como cualquier otro joven feliz de dejar por fin el techo de
sus padres. Finalmente las tome y salí de la habitación para luego darme cuenta
que ese sería el menor de los obstáculos que debía superar.
Camine por el pasillo y luego baje
las escaleras. Vi a mi madre parada en la puerta principal esperándome con una
pequeña sonrisa en el rostro. Su cabello rojizo oscuro estaba suelto hasta los
hombros, haciendo que su pequeño rostro casi sin rastro de arrugas se vieira
adornado de una manera tan sencilla que era casi perfecto. Me pregunte por un
instante “¿Como mi madre a sus cuarenta y cinco años se veía tan hermosa?”
Al pararme frente a ella, siendo yo
más alto que mi mamá, mire sus ojos grises llenos de cariño y orgullo. Ella
simplemente me abrazo, luego tomo mi rostro entre sus delicadas manos suaves.
No pude evitar sonreír de manera tímida.
-Solo mírate- dijo
mientras sonreía- ¡Que rápido paso el tiempo! Ya eres todo un hombre. Aun no
puedo creer que ya vayas a la universidad.
-Yo tampoco puedo
creerlo- me limite a reír después.
-Bueno no hagamos
esto un momento lleno de tristeza- Volvía a abrazarme para luego separarse-
estoy tan orgullosa de ti. Ya verás que serás el mejor estudiante de todas tus
clases, tendrás amigos con quien ir a los conciertos y ver tus tan amados
juegos de futbol. Y por fin vas a traerme a casa la chica hermosa que tanto te
mereces.
Agache la mirada por un momento. No
creía que esas cosas pasaran en realidad. Mi madre coloco su mano en mi
barbilla y de una manera dulce me obligo a mirarla.
-Dave, no sabes el
maravilloso hombre que eres- Sonrió de una manera tan hermosa que pareció un
ángel- gracias por aparecerte en mi vida hijo.
Creo que el abrazo que me dio en ese
momento fue el más largo de todos. Siempre dije que las palabras de mi madre
eran el impuso que permitía que volviera a levantarme y este caso no era la
excepción. Ella era lo único que tenía en la vida, mi única compañía y mi mejor
amiga. Al separarnos abrí la puerta principal, tome mis maletas y le di un beso
en la mejilla.
-Ten mucho cuidado en
el camino- dijo en un tono de preocupación.
-Claro mama...-
respondí sonriendo.
-Llámame si necesitas
algo.
-Ya lo sé mama no te
preocupes.
Camine hacia mi auto, un Mustang
clásico 67 de color negro, un regalo de graduación por parte de mi madre. No
era algo impresionante, pero para mí era perfecto, siempre me gustaron los
autos viejos. Las maletas las coloque en la cajuela y me subí al asiento del
conductor. Al ponerlo en marcha di un di un saludo a mi madre por el parabrisas
y ella sonrió y respondió de la misma forma.
Mientras conducía encendí la radio y
para mi suerte estaba en sintonía con la emisora de la universidad a la cual
iba asistir. Me pareció algo extraño, una increíble coincidencia. Sonaba una
canción movida con una influencia Pop/Rock, me agrado así que decidí no
cambiarla.
Tome la carretera que me llevaría a
mi nueva casa de estudios, La “Universidad Universe”. A pesar de estar un poco
apartada de la ciudad, a 30 minutos para ser exactos, era la universidad más
prestigiosa de toda Ontario. Sentí un cosquilleo en el estomago, los nervios ya
empezaban a atacarme.
Me enfrentaría a un nuevo mundo
completamente distinto a la secundaria pero “¿Eso quería decir que todo
cambiaria?”. Esa era la pregunta que tanto me rondaba la mente, la pregunta que
hacía que un nudo se me formara en la garganta y me dieran ganas de poner el
auto de vuelta a casa. Ya empezaba a darme cuenta que mi madre no estaría allí
para apoyarme como siempre, todo debía enfrentarlo solo “¿Estoy listo para eso?
Salí de la ciudad que me vio nacer y
crecer. Los edificios fueron sustituidos por árboles de gran tamaño los cuales
ocultaban un inmenso bosque detrás. El camino estaba solitario, casi no había
autos transitando. Yo solo quería llegar antes de que me arrepintiera.
En la radio apareció una voz
femenina, dulce y armoniosa. Por un instante me dije a mí mismo “la chica
portadora de esa voz debe de ser muy hermosa”. Tenía una entonación tan
delicada que seguro pertenecía a un coro celestial de ángeles.
-Hoy es el día en que
todos los nuevos estudiantes llegaran a nuestra universidad- anuncio aquella
linda voz- ¡Les doy la bienvenida a todos los recién llegados! Y un consejo
“Cuídense de los tontos que desean aprovechar carne nueva para hacerles
bromas”. Espero que esta universidad les
encante así como yo la adoro. Soy Violet Montgomery y los dejo con un poco de
música.
Su consejo hizo que mi abdomen se
presionara y el nudo de mi garganta se apretara. Después de todas las
humillaciones que se pasan en la secundaria, o mejor dicho que viví, había más
en la universidad. Tuve que respiran profundo para poder asimilar cada uno de
mis pensamientos y sentimientos y seguir adelante con la marcha. No puede ser
igual al pasado. Debo de admitir que comencé a tener miedo, a sentirme
intimidado, algo que me pareció absurdamente estúpido cuando ni siquiera había
colocado un pie en el campus.
Mi corazón se achico cuando comencé
a recordar cada una de las escenas de mi escuela, los golpes, los apodos, las humillaciones,
las risas, las lágrimas y el rechazo en todos los sentidos. No quería volver a
ser víctima de todo eso, ya había tenido suficiente.
-“Todo está a punto
de cambiar”- sentí un susurro en mi oído derecho. Era una voz profunda y algo
siniestras- “Todo cambiara”
Hice un gesto de extrañes y un
escalofrío me recorrió la espalda. ¿De dónde vino esa voz? Estaba más que
seguro que estaba solo. Una vez más la voz sonó en mi oído pero esta vez dijo
“Pero no esperes que sea como tú lo deseas, mi regreso está muy cerca”. La
radio comenzó a tener interferencia, mi corazón llego a golpearme el pecho con
fuerza. Estaba más que confundido.
Alcé la vista al retrovisor y casi
pierdo el juicio. Vi a un hombre sentado en el asiento trasero, quijada fuerte,
cabello negro, liso y un poco largo pero lo que más me llamo la atención fueron
sus ojos completamente negros como la noche. El miedo corrió por mis venas,
sentía que veía a un demonio quizás al mismo diablo. Por unos segundos sus ojos
se cruzaron con los míos y sentí un terrible dolor de cabeza. “¿Quién demonios
era?”
Presione con fuerza el freno, las
llantas relincharon y el auto se tambaleó al detenerse. Mi cabeza estaba por estallar de dolor, como si me
estrujaran el cerebro. Mire al retrovisor y mire al sujeto directo a los ojos.
-¿Quién eres tú?-
dije entre gemidos de dolor.
El no respondió por unos segundos,
solo me clavaba la mirada furtivamente a través del espejo. Luego solo escuche
“Tu peor pesadilla” y el nunca movió los labios. El fuerte dolor en mi cabeza
desapareció así como el hombre que estaba sentado detrás de mí, como si nunca
hubiera existido.
Baje de mi auto con desespero y
lleve mis manos a mi cabeza. La confusión y el miedo me tenia sometido “¿Que acaba de ocurrir? ¿Quién era
ese hombre? ¿Cómo entro y salió de mi auto sin haberlo visto? ¿Por qué sus ojos
eran negros?” no dejaba de interrogarme como si fuera a conseguir una
respuesta.
No entendía nada. Mire por la
ventanilla y no había nadie en el auto. Mi corazón latía a un ritmo acelerado y
mi respiración estaba entrecortada. Rápidamente busque en el bolsillo de mi
chaqueta mi inhalador para el asma y lo use. Mi mirada iba para todas las
direcciones tratando de buscar alguna prueba de que lo que había ocurrido no
era producto de mi imaginación. Como lo esperaba no encontré nada.
Mientras intentaba calmarme un auto
se detuvo detrás del mío, era un deportivo rojo muy lujoso, quien estaba
adentro no era nadie sin dinero. Mire en su dirección cuando la puerta del
piloto se abrió y de él salió un chico. Era alto, atlético, de cabello oscuro,
rostro algo cuadrado y ojos azules. Llevaba una chaqueta negra y jeans azules.
El camino hacia mí, de inmediato me puse en alerta. Mis nervios no estaban muy
tranquilos.
-¡Oye! ¿Te encuentras
bien?- me pregunto con un gesto que mostró que estaba confuso.
Su voz era ronca y masculina nada
siniestra. Era muy distinta a la que había escuchado hace menos de diez
minutos. Se me fue difícil responderle, pues no encontrar aire para poder
hablar.
-Si...- dije
respirando profundo. Intentaba parecer calmado- solo estaba mareado y
necesitaba algo de tranquilidad. Ya me
moveré, disculpa si te atrasé.
-¡No te preocupes, no
tengo prisa!- respondió riendo. Tenía una risa contagiosa- ¿Seguro estas bien?
Estas muy pálido.
-Si eso creo...-
Agache la cabeza- ya muevo el auto para que avances.
Voltee hacia la puerta de mi auto y
coloque la mano en la manilla cuando el chico volvió a hablarme.
-No creo que puedas
moverte...
-¿Por qué?- lo mire
confuso.
-Mira...
...El señalo con el dedo hacia el
frente. Mire en la dirección que él me indicaba y creo que la confusión para
ese día era lo perfecto. Frente a mi auto estaba parado un ciervo, macho por
sus grandes aspas que se imponían sobre su cabeza. Solo estaba allí, mirándonos
atraído. Quizás estaba cruzando la carretera y se detuvo al vernos. Lo que me
impresiono fue que no lo logre ver, bueno siendo sarcásticos hay cosas que no
veo.
-¿Que hará aquí?-
pregunte caminando hacia él.
-No lo sé- respondió
el chico a mi espalda- ten cuidado, podría lastimarte.
-No lo creo.
-Acaso no has visto
las cosas que tiene en la cabeza- Aclamo el ojiazules riendo.
-Se llaman aspas, las
utilizan para cortejar a las hembras y para luchar contra otros machos y
defenderse. No lo veo agresivo, debe ser un joven solitario pues no está con
una manada.
-Sabes mucho ¿No?-
respondió sonriendo.
-No lo sé todo-
también reí.
Avancé con mucha sutileza hacia el
ciervo mientras lo miraba a los ojos, así estaría seguro de que sus aspas no
terminarían clavadas en mi torso. Hasta los momentos aquel hermoso animal no se
mostraba agresivo ni miedoso.
-Tranquilo amigo...-
dije susurrando- no te hare daño.
Di unos pasos más y ya estaba lo
suficientemente cerca como para tocarlo o que él me golpeara. Acerque mi mano a
su rostro lentamente, deseando que no le diera por arrancarme un dedo con sus
dientes. Para mi sorpresa el ciervo agacho la mirada permitiéndome acariciarlo.
Sonreí y me sentí honrado de poder colocar mis manos en su rostro y acariciarle
como a un perro o gato.
-¿Qué haces por aquí
amigo?- le hable como si fuese a responderme- un auto podría arroyarte.
Mire sus ojos negros que me miraban
con tranquilidad y comencé a reír levemente. Siempre sentí un gran interés por
los animales, podría decir que los amo.
-Vamos, ve a casa...
...Me separe y el ciervo se acerco a
mí, como si quería que continuara acariciándolo. No pude evitar reírme y le
pedí que se fuera. El se dio media vuelta y camino hacia los árboles que
estaban a los lados de la carretera y se perdió entre ellos. Luego de eso solo
podía sonreír.
-¡Vaya!- dijo el chico a mi
espalda.
-¿Qué?- voltee a verlo riendo
suavemente.
-Acabas de tocar a un animal
salvaje y este no te mato- Hablo de manera acelerada- ¿Co… como lo haces? Otro
hubiera hecho eso y puedo asegurar que estuviera atravesado por los cuernos no
ese animal. Eres increíble.
-No es la gran cosa.
Agache
la mirada un poco avergonzado, no estaba acostumbrado a recibir halagos. Fue un
momento algo incomodo a pesar de que no se estaba burlando de mi. Mire mi auto
y recordé que tenía que continuar mi camino y permitir que el joven frente de
mi pudiera conducir.
-Me tengo que ir- dije caminando
hacia la puerta de mi Mustang.
-Claro, hasta luego…
Aquel
chico con chaqueta también camino hacia su auto lujoso y se monto en el. Por mi
parte pensé dos veces entrar al mío. Después de hacerlo mire por el retrovisor
con el corazón en la garganta, eche un suspiro cuando mire que el asiento de
atrás estaba vacío. No quería pasar por otra experiencia como esa aunque no
podía ni explicarla.
Coloque
el auto en marcha ¿Si les digo que mi mayor deseo para ese momento era llegar
lo antes posible a la universidad me creerían? Quien lo diría. Luego de unos minutos,
note que el auto llamativo del joven amigable con quien me tope ya no estaba detrás
de mi ¿Cuando me habrá sobrepasado o cuando lo deje atrás? Es una pregunta sencilla pero inquietante.
Decidí no hacerme el cabeza tierra de guerra con más preguntas sin explicación.
El sujeto de los ojos negros y su voz en mi cabeza, el ciervo que permitió que
lo tocara y el chico que se aparece de la nada cuando casi muero de un paro
cardiaco. ¿Podría ser más extraño ese día?
En
el costado derecho de la carretera mire el letrero que indicaba la dirección
para la universidad, gire el auto y el camino se torno un poco mas turbulento.
Desde parabrisas pude observar el edificio principal de “Universe” imponiéndose
por encima de mí como si fuese el maravilloso Olimpo. Con una estructura
semejante a la de un castillo gótico con algunos toques románticos, unas
paredes de color blanco tenue, ventanas generalmente rectangulares y tejados
tanto triangulares al estilo de picos como en algunos casos planos. A primera
vista parecía sombrío y misterioso como si ocultara miles de secreto y gritara
por ser descubiertos. Por un segundo lo imagine como seria ese lugar por las
noches, donde la única luz seria la luna y reí al compararlo con el típico
lugar lleno de vampiros esperando matar a quien puedan.
Lleve
al auto hacia el aparcado y lo estacione en un espacio. Por los autos que se
encontraban allí podría decir que no habían llegado un gran número de personas,
pero luego recordé que no todo el mundo posee un auto. Al bajarme de mi Mustang
sentí una fuerte brisa escalofriante, subí la mirada hacia la cima de aquel
edificio inmenso y trague saliva. Este era el momento donde realmente me di
cuenta que estaba a punto de ser parte de un mundo distinto al que ya conocía.
Fui
a la cajuela y tome unas pocas maletas, pensaba encontrar primero mi habitación
y luego regresar por las cosas más pesadas. A continuación me dirigí a la
entrada principal de la universidad mezclándome en la multitud.
Fue
extraño el momento en el que di el primer paso y entre al interior del
edificio. Me sentí completamente desorientado en el ambiente. Era como si me
aventurara en un lugar inexplorado, una nueva dimensión. Debo decir que el
siguiente paso y adentrarme entre las personas se me resulto más que complicado.
“Pero si caminar es tan fácil, solo hay que colocar un pie delante de otro”
deben de estar pensando y tienen razón. Lo que sucedía era que en mi cabeza
solo estaba el pensamiento de que cada paso que diera debía de ser perfecto.
Habían
tantas personas a mi alrededor, muchos reían y conversaban entre sí, otros solo
caminaban sin rumbo por la planta principal y algunos que al igual que yo
estaban cargados de maletines. Me coloque de ultimo en una fila de chicos que
esperaban para ser atendidos por el encargado de asignar los dormitorios, donde
vivirían todo el trimestre o quizás toda su estadía aquí.
Cuando
llegue de primero en la fila mire al encargado, era un hombre de unos 28 años
de edad, tenia cabello oscuro, ojos verdes y cuerpo ancho. El sin mirarme me dirigió
unas palabras.
-Me dices tu nombre y en que
facultad estudiaras, por favor.
-Dave Landers, Facultad de
Bioanalisis- me limite a responder en un tono bajo.
Trascurrieron
unos segundos mientras el hombre busco mi nombre en un su computadora que
parecieron eternos. Siempre fui impaciente y este no fue el momento en que
cambie esa imperfección de mi personalidad. El hombre me miro y tomo una de las
tantas llaves de uno de los gabinetes de su escritorio.
-¿Dave Landers?-
Murmuro para sí mismo. Luego alzo la voz- ¡Oh! Eres uno de los pocos becados,
felicidades. Estarás en la habitación 208 que está en el dormitorio numero 2,
tu compañero se llama Harry Judd es otro becado.
-¡Muchas gracias!-
dije tomando las llaves y dándome media vuelta.
Camine
de vuelta a la entrada principal, lo único que sabía era que para llegar a los
dormitorios debía salir del edificio principal así que debía de explorar el
campus. ¿Ven por que les digo que era un mundo desconocido para mí? Mientras
camina miraba los jardines verdes adornados con diversas flores, habían
estatuas en honor a los fundadores de la casa de estudio y un hermoso y pequeño
lago rodeado de los edificios de la universidad y mas allá estaba un bosque
oscuro repleto de arboles. Muchos jóvenes caminaban por el campus sonriendo, saludándose
y hasta había algunos besándose.
Por
fortuna mire un letrero que indicaba donde se encontraban los dormitorios y
camine hacia esa dirección. Logre divisar los edificios que conformaban el
conjunto de dormitorios que parecía estar divididos la mitad para chicos y
mitad para chicas. Tenía que subir unos escalones para poder llegar a ellos.
Mientras
subía las escaleras note que otra persona venia descendiendo por ellos y me
impacto el hombro con el suyo. Escuche un “Perdona” proveniente de una voz
femenina, delicada como la de un hada,
suave como la seda, hermosa como la de afrodita y extrañamente familiar. Voltee
a ver a la chica y decirle que no se preocupara
y me tope con unos ojos verde cual esmeralda, el tiempo se detuvo y de
una manera impresionante sencillamente me perdí en ellos. Eran tan atrayentes,
profundo y pacíficos, no tengo palabras
con que explicarlos y si las tuviera no fueran tan perfectos. Y por lo visto no
tenia palabras en ese momento, solo estaba allí atontado por el esplendor de
esos maravillosos ojos.
Y
luego...
-¡FUERA!- escuche un fuerte
gruñido en mi cabeza, sonó como un animal furioso, no humano. Y los labios de
la chica nunca se movieron.
Una
fuerza invisible me empujo hacia atrás haciéndome rodar escaleras abajo para
luego estrellarme contra el suelo. Mis maletas volaron y cayeron junto conmigo.
Gemí cuando impacte contra el pavimento y confuso no entendí que acababa de
ocurrir.
-¡Oh dios mío!- dijo la chica
mientras bajaba las escaleras apresurada.
Me
encorve para sentarme y ella se arrodillo a mi lado. Me desoriente y sin
entender mire a todos lados. ¿Qué demonios acaba de pasar? ¿Quién me lanzo por
las escaleras?
-¿Estás bien?- pregunto ella con
un tono de voz preocupado, que hermoso se oía.
Mire
su rostro angelical, sus ojos esmeralda, nariz pequeña y perfila y unos labios
pequeños suaves y esponjosos. Todo eso adornado por un cabello marrón
chocolate, largo y ondulado. Su mirada tierna se cruzo con mis ojos derritiendo
mis defensas y dejándome hipnotizado “¿Acaso estoy en presencia de un ángel?”
mi corazón latió con emoción y mis nervios aparecieron.
-Yo...- casi ni podía articular
palabras. Estaba atrapado en su mirada- estoy bien.
-¿Seguro?- su voz sonó
angustiada.
-Si- fue lo único que pude decir.
Ella
sonrió y sentí fuegos artificiales en mi pecho. Si su rostro ya era hermoso,
con su sonrisa era perfecto.
-¿Que acaba de pasar?- pregunte
confuso.
-No lo se, nadie te empujo- dijo
ella buscando respuestas.
-Sentí que alguien me lanzo
escaleras abajo- dije.
-Qué extraño...
Jamás
podre explicar las cosas extrañas que ocurrieron ese día. Mi primer día en la
universidad se convirtió en el comienzo de miles de interrogantes, de misterios
y secretos. El principio de una historia la cual prometía ser arriesgada y
siniestra. Pero también fue el primer día en que pude ver de cerca los ojos de
aquella hermosa chica. La joven que con una sola mirada ya me tenia encantado y
temblando como nunca nadie lo había hecho.
